Diario de Runningstein - Muchos días después...

El equipazo M&R en Baños de la Encina

Del 14 de octubre al 3 de noviembre: La travesía en el desierto. Del “No pain, no gain” al “Pain is inevitable, suffering is optional”.
Bueno, han pasado semanas desde la última vez que tenía ánimos de comunicar nada. Desde entonces, han sido semanas de zozobra, de dudas, de perseguir espaldas sin fuerza en las piernas. He cambiado hábitos alimenticios (he dejado el café y la sacarina, he incorporado la glutamina) e incluso me han extraído un resto radicular de una muela de juicio que llevaba tiempo dándome un poco de guerra pero que, por falta de tiempo, no conseguía que me extrajesen. Pese a ello, no he parado, he ido con malas sensaciones, pero he ido.
Si os parece empezamos con la crónica de los hechos.

El primer fin de semana acompañé a la gran Lola en su primera carrera de montaña. Baños de la Encina fue el marco. El equipo lo formábamos Rocío Moreno, Miguel A. Feria, Lola Carmona y yo. Estrenamos las camisetas de entrenamiento de Montilla Running & Barefoot, las “moraítas”. Pueblo precioso, tranquilo, bien conservado y acogedor. La carne de caza, sublime. El entorno, indescriptible. Para los no iniciados en el trail running como nosotros es un impacto correr en un sitio tan bonito, tan distinto a lo que acostumbramos. Rodeamos un pantano, con muchas subidas y bajadas, un rompepiernas; senderos estrechos con el pantano a un lado, pendiente de no darte el chapuzón; alguna que otra subida para gatear y dos o tres bajadas técnicas. La organización muy buena y la experiencia digna de ser repetida. Lo mejor, sin duda, la cara de Lola llegando a meta; para ella ha supuesto la recogida definitiva del guante que le lancé al principio de verano; por ahora no conoce sus límites, pero ahora, ya de forma irremediable, está dispuesta a explorarlos. Ha perdido el miedo a buscarse, a encontrarse, y acepta lo que aparezca. Yo creo que es el paso definitivo para vivir con felicidad esta aventura: ser capaz de mirarse cara a cara y asumir la grandeza y la bajeza con que venimos dotados; en definitiva, saber lo que valemos sin prejuicio y sin temor a decepcionarnos. Rocío Mesa se salió, haciendo tercera en su categoría, como siempre bien apoyada y arropada por el gran Feria. Por mi parte, la segunda parte de la carrera fue una continua duda, de si podía o no podía seguir. A veces el orgullo, nos hace sobrepasar los límites que pensamos que tenemos. Sentí envidia sana de la felicidad con la que llegaron a meta. Pero, lo dicho, seguí. Aposté por el “No pain, no gain”. Agradecer a Paco Ramírez la dedicación la semana de antes para resolver mis problemas musculares; él y su equipo siempre están a disposición de lo que se va necesitando, que es bastante y más que frecuente (cosa que les provoca una sonrisa condescendiente con este loco que corre, jejejeje…).

La semana posterior, fui recuperando sensaciones, a un ritmo lento, pero disfrutando de la carrera. Al menos eso creo. El martes quedada con Feria y Pepe Roldán, con lluvia, algo de barro; hicimos una rutita que yo no conocía, también agradable, relativamente cómoda, pero sufrí de lo lindo. Hubo mucho “pain” y nada de “gain”. No iba, no sé si por el cansancio de la Bañusca, pero no tenía fuerzas. La decisión que tomé fue definitiva: paraba. Me aislaría y pensaría qué hacer; si seguir o no; si merecía la pena el descanso, si era mejor abandonar, si correr no era lo mío… En un gesto histriónico abandoné el grupo de Whatsapp de Montilla Running & Barefoot deseando alejar de mí cualquier estímulo. No me dejaron. Este grupo siempre te muestra el apoyo, aunque no lo desees en ese momento: ese hábito nos hará fuertes, lo sé; será una seña de identidad: ¡a bloque!

Con mi testarudez acostumbrada el jueves retomé el entreno y, además, doble: por la mañana 5 km a un ritmo vivo (6.03 min/km, jejeje) y por la tarde un anda corre por el campo de 8 km, en 1 hora, con parada para grabar un vídeo mientras corría para motivar a una amiga que estaba de bajón y que tiene que buscar una válvula de escape (y quiero convencerla de que sea el running). Olivos, chaparros, barro, verdina y la gente del campo aparecen en el dialogo improvisado del vídeo. Improvisado y sincero. Espero que le sirva, en él plasmé la terapia que supone para mi esta actividad. El sábado volví a correr, por terreno llano, en el circuito de la Ekiden de Montilla. Pude aumentar un poco el ritmo (5:53 min/km) para una distancia de 6 km. Fueron disfrutados. Por la tarde, natación: 1500 metros, mejorando las sensaciones de días anteriores; en cuatro días que llevo nadando he mejorado bastante ( ¿por qué nadando mejoro y corriendo no me encuentro bien?, curioso y desalentador). La gran ventaja de nadar es la relajación que encuentras, lo placentero de después. Me voy a la cama con la sensación de que algo va cambiando, poco a poco, pero parece que algo va cambiando.

El domingo por la mañana salida con el sensei Pepe Roldán. Inma Casado, la mujer de Pepe, se está incorporando la mundo del running y nos vamos los cuatro: Inma, Lola, Pepe y yo. Salida desde las pistas del polideportivo, donde los niños se quedan patinando, hasta el Fontanar y vuelta, por Cañalerma, un sitio bonito para correr con árboles grandes y frondosos a los lados del camino. La subida del Fontanar es bastante dura pero la hacemos mal que bien, Pepe siempre animándonos y dando instrucciones (me recuerda un capataz de cofradías, jejeje). Al final, hacemos casi 7 km en 42 minutos, con un desnivel de 100 m y terminando aumentando el ritmo. Lola se tiene que parar un par de veces a por mí pero, a estas alturas, ya tengo asumido que va mejor que yo (a este ritmo voy a quedar en mi casa para subir las bombonas de butano,jejeje). Además, ir detrás de Pepe e Inma me hace ver algo gracioso: los dos tienen el mismo gesto o, al menos, muy parecido. Como dice el refrán “Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición” y en la zancada de ambos se hace patente la verdad que encierran los refranes. No me atrevo a advertir a Pepe que está alimentando a un “monstruo” y, a poco que sea constante, Inma pronto tirará de Pepe en algún que otro tramo: creo que tiene buenos mimbres. Como siempre, un rato con ellos siempre es placentero: dos personas (y la personita Olivia, que se quedó patinando con Aurora, Rafa y Fernando) que hemos encontrado por el running y que merecen verdaderamente la pena. La semana empezó desastrosa pero parece que se va entonando. No es nada definitivo pero ya que el “pain” no se va, al menos la opcion “suffering” está remitiendo. ¿Será un espejismo? ¿Empieza la recuperación? Seguiremos intentándolo para ver que pasa. Al igual que con la inspiración, estaremos en la brecha por si la recuperación llega que nos pille preparados.

La semana empieza con una expectativa interesante para el viernes: hacer un entreno en la vía verde con un grupito de gente de Montilla: María José Polonio, los Ortiz (grandes ciclistas, de tradición familiar), Feria y Rocío. No sabemos como, pero Lola y yo decidimos que tenemos que ir, ya buscaremos la solución: para algo están los abuelos (¿qué sería de muchas casas sin ellos?). Tener en mente ese día ayuda a llevar mejor la semana, que por otra parte es más corta gracias a “Jalowin” o a la festividad de los Santos (¡qué más da, lo importante es disfrutar el dia de fiesta que nos va tocar!). El martes salida en solitario de 8 km en algo más de 49 minutos (a 6.07 min/km, con un bajón fuerte en el kilometro 7 hecho por encima de 7 minutos, pero con la posterior “recuperación” en el kilometro 8 por debajo de 6 minutos). No es nada reseñable, pero escribiendo el blog me voy dando cuenta que parece que hay cierta mejora. Empiezo a preguntarme que quizá falte algo de método en mis entrenos, que puede que ponerme en manos de un entrenador me ayude. No lo he hecho antes pensando que era un gesto de vanidad, pero puede que hasta para correr haga falta formación, y llevo unos pocos años acumulando kilómetros en las piernas sin dirección alguna, lo que provoca que no encuentre la mejora. Quizá haya llegado el momento de explorar este camino y ver qué pasa. Dos días de descanso y estiramientos espero que ayuden para la salida del viernes. La vía verde nos espera. Lola, como viene siendo norma últimamente, está más motivada que yo. Todo a punto y en hora para salir hacia un lugar desconocido de la via verde entre Cabra y Doña Mencía, que sólo parece conocer Rafa Ortiz. Desde ese punto hasta el puente de Doña Mencía y vuelta hay la distancia de la media maratón (21.140 m según mi GPS). Salimos en grupo, cada uno con su objetivo en mente: Maria José y Rocío chequearse para la media de Córdoba, Rafa y Feria acompañar a sus parejas, un hermano de Rafa en sudar un poco porque se le ve fino, fino, y Lola y yo, rodar a ver qué nos encontramos. En el kilómetro 5 ya soy consciente de que no podemos seguir su ritmo (al menos yo) y cogemos un ritmo cómodo (6.20 min/km) observando que vamos siempre cuesta arriba. Como no tenemos previsto nada y la vuelta va a ser cuesta abajo (jejejejeje) seguimos mientras podemos y en el kilómetro 9 decidimos que vamos a atacar la distancia de la media maratón (sería la primera vez que Lola la hace y, por eso, merece la pena intentarlo). Al llegar a Doña Mencía nos encontramos al grupito, se ve que van bien, y nos esperan para reanudar la vuelta. Pero de nuevo nuestro ritmo es inferior al de ellos, con el inconveniente añadido de que lo que pensábamos que era cuesta abajo parece tenazmente cuesta arriba (¿es la mente la que juega esa mala pasada?, ¿nos está afectando tanto olivo?, nos da tiempo a arrepentirnos de no habernos vuelto antes incluso). Seguimos hacia delante (no queda otra, ya no hay vuelta atrás), y los silencios son cada vez más incómodos, llego a preocuparme por Lola, no sé si ella va a ser capaz de llegar, aunque estoy seguro de que yo voy peor, porque siempre va un puntito por delante mía. Poco a poco nos metemos en el kilómetro 19 y a esas alturas ya lo tenemos hecho salvo que aparezcan mis famosos calambres. Al final aparecen en el kilometro 20.500 pero de forma leve, y Lola, que ha tenido flato durante un tramo, se recupera y terminamos sin parar de correr. Hemos hecho la primera media juntos a un ritmo de 6.30 min/km (¡cuánta ilusión me hacía estar junto a ella cuando fuera alcanzando hitos!). Ha sido oficioso, sin proponérselo, pero ha sido. Una sensación de bienestar por haber hecho una media en estas circunstancias (a un ritmo lejano al mejor mío que es de 5.40 min/km y porque no me veía haciendo tanta distancia después de los meses que llevo) y de orgullo por Lola, que cada día va mejor y me parece una corredora de casta. Por la tarde, las circunstancias no nos permiten estar tendidos como nos apetecería y eso puede que haga que a la mañana siguiente nos levantemos relativamente bien, sin las agujetas esperadas. El sábado ella se lo toma de “descanso” (todo lo que se puede descansar con tres niños en casa) y yo por la tarde voy a nadar porque me ayuda a recuperarme muscularmente (al menos tengo esa sensación). De todas formas, noto el cansancio y a los 1000 metros me doy por satisfecho y me decido a ir a casa a tirarme en el sofá: Murakami tiene nuevo libro y hay que hincarle el diente lo antes posible. El domingo retomamos la rutina de patinaje de los niños y nosotros salir a correr un ratito. Y definitivamente, parece que algo ha cambiado. Las sensaciones son muy buenas. Por fin, sólo molesta un gemelo (el que parece que tiene una fibrosis) pero voy bien, a gusto, sin dolor. Un circuito que no es del todo cómodo, con dos cuestas durillas, lo hacemos sin parar y terminando con fuerza. ¿Ha cambiado el viento?, ¿desaparecen los males?, ¿ha tenido efecto todo lo que hemos cambiado?. Para colmo, Jacinto nos cuenta su reto del I ultra-trail de Sevilla a la aldea del Rocío que acometerá la semana que viene, y como mi mente no necesita muchos estímulos ya me veo de rociero-runner (otro reto en el horizonte, tiene buena pinta).
Me siento ante el ordenador y os suelto la parrafada, llamando a Lola de vez en cuando para preguntarle su opinión (en estos avatares ella siempre ha sido mi sensei; yo pongo la afición y ella el saber). Estoy hasta arriba de endorfinas y me pongo tan pesado que termina por llamarme el Cervantes del running (eso sí, no manco, pero si cojo, jejejejeje). Espero que definitivamente el “pain”, el “suffering” se vayan y sólo quede el “gain” aunque éste no pase de disfrutar corriendo. He estado a punto de abandonar, no sé por qué no lo he hecho, pero sin duda la testarudez del Feria (imposible abandonar, puede comerme), la insistencia de Pepe (desde la serenidad, desoyendo las quejas, quizá consciente como ultrarunner que es de que esto es asi) y la figura de Lola (ni ella es consciente de lo que me ha ayudado estos días tenerla al lado, llevándome de la mano cuando de verdad el dolor no me permitía dar más de mi -uff, Baños de la Encina-) me han hecho perseverar. En la distancia (porque corre mucho y es muy dificil pillarla) también está Maria José Aguilar, magnífica triathleta, que es incansable en el ánimo y que no deja de mostrar su apoyo (esos diálogos vía chat o vía whatsapp son un magnífico estímulo).
Una nueva perspectiva se abre ante mi. Definitivamente, el reto de bajar de las dos horas en la media de Córdoba está olvidado (aunque si puedo sí la correré con objeto de correr por correr). Definitivamente, el método va a aparecer en esta actividad. Definitivamente me quedo en este mundo y me considero un runner, malo, pero un runner al fin y a la postre buscando su límite.

…Hay muy buena gente en esto del running…

 

Escrito por @putorunner10

@putorunner10

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