Diario de Runningstein

Llevo unos años en esto del running. Todo empezó buscando la solución a esa arroba de kilos de más que adornaban mi cintura. Vaya por delante que aún no he podido con ellos, pero los voy metiendo en vereda poco a poco. Espero que más pronto que tarde logre vencerlos. Además, tengo un trabajo que me obliga a estar sentado muchas horas y estoy sometido a un stress importante. En este ámbito el beneficio conseguido en estos últimos años es indudable. He ganado en calidad de vida y en control de la ansiedad que me provocaba el stress.

No quiero por nada del mundo perder esta hoja de ruta, porque gracias a ello, hoy soy más feliz que hace unos años, y mi vida es mucho más placentera. El impacto de la actividad física en el día a día y en el ámbito laboral es indiscutible. Hasta ahí todos coincidiremos, no aporto nada nuevo.

Pero esto del running tiene otra faceta que no debemos considerar menor. Te encuentras a gente por el camino que te animan y te hacen buscar objetivos un poco más allá, te presentan el “gusanillo” de la superación. A poco que tengas un alma ligeramente competitiva (en mi caso abonada por muchos años de práctica del baloncesto a distintos niveles, incluso federado) el “gusanillo” es muy eficaz inoculando el veneno.

Bueno, pues en esas estamos. Después de unas cuantas carreras populares, tres medias maratones y de todo este tiempo entrenando por sensaciones; después de coger una forma aceptable y perderla (últimamente inoculando ese veneno del running a mi chica, lo cual me ha hecho acomodarme a un ritmo más lento, pero me ha permitido disfrutar como un bellaco a su lado) he decidido subir, o al menos intentarlo, un escalón.

Es la distancia del medio maratón para mi apasionante, porque terminarla ya me parece un reto más que aceptable, porque las sensaciones son distintas a lo largo de la carrera, y porque no es tan “inabarcable” como la maratón. El reto es bajar de un tiempo, no muy exigente, pero para un “machaca” como yo, motivo de orgullo: hay que bajar lo máximo posible de las dos horas. Para ello cuento con el consejo, incluso en la propia carrera, de Pepe Roldán, Jose A. Marqués Vilaplana y M. A. Feria. Hoy ha sido mi primer entreno y he tomado conciencia de que esto no va a ser un camino de rosas. El reto se presenta duro, pero espero que con el apoyo de mis “senseis” y con un mucho de disciplina y de esfuerzo lo podamos conseguir.

Quiero plasmar mi experiencia en este diario, pensando que puede ser útil a alguien. Puede parecer un gesto de vanidad, un gesto pretencioso, pero creedme que no es así. Sólo me mueve el amor por la práctica deportiva en la búsqueda de la salud, del bienestar y la satisfacción que supone superar retos que creemos lejos de nuestras posibilidades. El tiempo dirá si era un proyecto factible o una bravuconada como tantas otras. En el camino estamos; el tiempo, el crono, serán los jueces insobornables.

Día 1 de octubre de 2013: (6.78 km; 40:38.2; 6 min/km. 4×30” progresivos. Escaleras y vuelta a la calma descalzo).
Día lluvioso. Quedamos a la voz de “vamos a ponernos de barro hasta el mocho”, pero después no es para tanto, aún no ha llovido lo suficiente. A las cinco de la tarde (no busquéis connotaciones taurinas, no las hay) empieza la fiesta. Salimos de casa de Pepe con el objetivo de hacer 7 km a un ritmo “cómodo” y luego progresivos de 30” con aceleración cada 10”. Todo empieza bien, medio cómodo, con los primeros 3 km por debajo de 6 min. (3 km/16min40”). A partir de ahí un poco de cuestas y empiezo a notar dificultad. Primera clave: el entreno hasta ahora lo hacía tan cómodo que cuando entro en fase anaeróbica me vengo abajo. De ahí el primer objetivo, así, sobre la marcha: hay que intentar entrar en esa zona lo más tarde posible, de forma que pueda correr más rápido sin entrar en ella. Pepe me lo explica. Fondo puede que tenga, pero tengo que trabajar a pulsaciones altas para modificar ese umbral anaeróbico. La táctica es conocida: series o fartlek (para Pepe el fartlek es más divertido; yo pienso lo mismo). Así que ya tenemos medio planificado el entreno del jueves. Seguimos subiendo la vereda de la fuente del cubo por encima de 6 min/km y la tentación de pararme ya me atosiga. Por supuesto, Pepe no me lo va a permitir: “Baja un poco el ritmo pero no tanto que te vengas abajo de pulsaciones, recuerda que queremos entrenos a altas pulsaciones para mejorar el umbral…”

Ya no se ni si lo escucho, pero sigo. Además tengo que controlar la respiración (como si fuera fácil), ayudándome del abdomen, lo cual también me ayudará a mantener la espalda derecha y una buena postura. Recuperamos un poco bajando junto al pico del Cigarral y llegamos al camino junto a la vía del tren. Ahora viene lo bueno. Cuatro series progresivas de 30” subiendo el ritmo de 10” en 10”. Estoy buscando la excusa de cómo le voy a explicar que no puedo, pero este tío no admite la renuncia. No me queda más remedio que seguir.

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Luego, según Pepe y literalmente, “de postre vamos a subir las escaleras”. ¿Me muero o lo mato? ¿Y si me tiro por el puente del tren? ¿Y si lo tiro a él? Nada, cuando llegamos arriba es imposible hacer ninguna de las dos cosas. Se ve que el que diseñó las escaleritas de marras sabía que era un elemento de tortura y ya se previno de suicidios u homicidios. Hemos terminado. ¡Ah, no!. El caramelito. Volvemos a casa descalzos en plan tranqui. Ahora más que nunca (y me lo lleva diciendo durante toda la salida -¡puff, que tío más plasta!-) hay que esmerarse en la técnica.
Ahora si hemos terminado. Un poco de charleta, alabando la capacidad del gran Vila, pensando dónde puede estar el límite del récord en maratón; la vida mística, casi monacal de los atletas profesionales; en fin, como no somos tan futboleros, no nos preocupa la crisis de juego y resultados del Madrid, ni la lesión de Messi, somos así de raros…
Llego a casa descalzo (las miradas de algunos vecinos me lo recuerdan) y estiro un poco. A la ducha, el magnesio y la frutica. La verdad que sin Pepe hubiese hecho otra cosa, me hubiese dejado vencer por la fatiga. Estamos en el camino, si no hay lesiones esto promete.

Vamos a recoger a los enanos, que ahora se va a entrenar la “gran Lola”. Estoy verdaderamente fatigado. He tomado conciencia de que esto no va a ser fácil, pero Pepe me ha dado el empujón para que lo afronte; si otros pueden, ¿por qué no yo?.

Lo dicho, ahora no me parece una bravuconada, estamos ante un reto apasionante. Busquemos el límite.

Escrito por @putorunner10

@putorunner10

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