KO Técnico - I Ekiden Ciudad de Montilla

Aquiles II

Montilla, 28 de Septiembre…. Y me dañé  el tendón de Aquiles. Tendinitis a la altura del calcáneo.

La historia según el cronista:

Voy con las New Balance MT10 v2, llevo cuatro meses con ellas sin correr demasiado, sin transición pero con sensaciones tirando a buenas, y cuando lo hago apuro siempre por encima de los 10 Km “para aprovechar”. Llega el momento de coger el relevo de Vila,  aprieto para intentar bajar a 4:10 min/Km como habíamos planeado. Aumentan las pulsaciones, aumenta la zancada y aumenta el impacto en el tren inferior.

La consecuencia de lo anterior, y de llevar varias semanas entrenando poco en una elíptica de gimnasio a la que uno se arrastra después de pasar más de ocho horas atado a una silla de oficina es obvia… te destrozas vivo. La tensión acumulada de semanas anteriores, las reminiscencias del sobreesfuerzo y las piedras del Trail de Carcabuey, el pie cavo que me dio Baby Jesus… nada de eso sirve de gran cosa Ahí Fuera en las Duras Estepas Montillanas.

Era un día aciago, como digo. Había empezado mal una semana antes con la retirada de uno de los cuatro integrantes del grupo a causa de fractura por estrés. El día se presentaba apático y estaba sensiblemente torpón, con molestias en la cadera y el dolorcillo en el tendón diciendo aquí estoy yo. En esas que empecé a correr lo más rápido que podía, calzado con minimalistas, cuidando no pisar demasiado mal (aunque ahora me estoy dando cuenta que tal vez apoye demasiado con el ante pié, de ahí tantas ampollas bajo los metatarsos) y en un momento dado, con una zancada de ángulo mágico, la catástrofe devino, el interruptor del dolor hizo clic y noté un pinchazo. Fue de improviso, no había habido alarma previa más allá de la constante molestia que arrastraba, no estaba yo en DefCon3 ni nada, iba más o menos normal, a un 70%. Fue como un aire violento, violento pero discreto, absolutamente sordo: un mal que saliera de mí. Vete de mí, dolor. Vete, Pedro Almodóvar, de mí. Y quedé sorprendido. No es normal que un pinchazo te deje desconcertado: esto había sido algo más. Esta lesión traía mucha psicología, era una lesión Plus.

Me paré al final de la primera vuelta al circuito, saliendo del Parque Tierno Galván… bueno, no me paré, sólo aminoré un poco la marcha. Porque ya lo sabía, era imposible negarlo: había abusado. Había un aire de misterio acerca de mi lesión y todos sabemos, lo sabemos en el fondo, que si una lesión trae halo de misterio al final casi siempre es reposo y masaje. Poco correr, vaya.

Si tenía toda la lógica del mundo: El dolorcillo ya avisaba desde la mañana, la liturgia del fisioterapeuta (“tus características no son aptas para correr”, “tus tendones sufren mucho”,  “Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn” ), la atropellada adaptación a las zapatillas… Era de recibo cascar. Además ignoraba las sensaciones, ese extra del cuerpo, sin duda, ahí, ahí abajo, algo requería mi atención, un beacon, eso es, un distress signal beacon, una baliza de radioseñal que emergía de mis profundidades, que traía un mensaje, la materia tendinosa ahí abajo me llamaba, vamos, Capitán Kirk, vamos a explorar, mirémosle a la cara a lo desconocido. No hice nada, lo ignoré. Ni detuve la inercia de las zancadas.

Al final, con el impulso que traía y languideciendo hasta completar los 5Km correspondientes, enfilé los últimos metros con el relevo en la mano, alegrándome de ver que Javi estaba preparado. Milagrosamente encontré el camino expédito, sin nadie que se cruzara obligándome a modificar la velocidad, visualizando el arco de meta bien iluminado, rodeado de participantes y público, arco que parecía piernas de mujer solícita, la loza impoluta en la tarde crepuscular. Por fin terminé. Reduje la velocidad con curiosidad y algo de miedo, porque si bien era plenamente consciente de que, cómo decirlo… bueno, no nos andemos por las ramas, de que había estado haciendo el gilipollas unos cuantos meses, había sido algo tan sutil que me preguntaba si realmente sería cosa de dos días. ¿No habría sido fruto del nublao? Pues no. Había daño. Con dos dedos palpé la zona, me bajé un poco el calcetín y miré como papá oso mira a bebé oso, con extrañeza pero suavemente. Inflamación. Aquello sin duda era más que dolor, era una lección, una lesión conceptual hecha de pensamientos. “Paciencia”, “Adaptación al cambio”, “Mas paciencia”.

Aliviado ya por terminar el suplicio pasé el resto de la tarde dándole vueltas a qué hacer, cómo preparar mejor los pies disfrutando al mismo tiempo, sin molestias físicas, como un bailarín. La decisión todavía no está clara a día de hoy, aunque el entrenamiento descalzo ya entra dentro de las directivas.

Esta ha sido la crónica de mi Waterloo personal. Al final quedamos segundos en la categoría minimalista, por detrás de la gente de Zami que hicieron un tiempo genial y seguidos de Las Bellas y Los Bestias, con el mítico @PutoRunner10 a la cabeza. No obstante, queda todavía mucho margen de inscripción y participación en esta modalidad que seguro mejorará en la II Batalla de Munda.

Tal vez no llegue a las pruebas que me gustaría hacer en Noviembre (con casi toda seguridad que no), pero la Batalla de Munda seguro que la correré, en mejor forma y con más ganas, lleve lo que lleve puesto en los pies.

Escrito por German Cuéllar

German Cuéllar

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