Running y compromiso social

José Carmona en su primera media maratón, en Córdoba

¿Que por qué empiezo a correr? Por compromiso social. Déjame que me explique: en 2010 mi vida se cruzó de manera brusca e irreverente con el cáncer infantil. Desde entonces mi vida se orientó a buscar soluciones a esta enfermedad desde mi condición de ciudadano de a pie. En una conversación con un amigo fumador al hilo de la posible marcha atrás del gobierno en la ley antitabaco por Eurovegas, me llamó la atención una frase: “al gobierno no le interesa prohibir el tabaco ya que sus impuestos sufragan buena parte de la sanidad”. Entonces me propuse investigar e intentar ver si esa frase era cierta o no. Mi conclusión: si la gente dejara el tabaco, hiciera algo de ejercicio regularmente y cuidara la dieta un poco (incluido el acohol), la factura de nuestro SNS se vería reducida a más de la mitad.

Vale. Pero eso era algo que ya sabía dado que las autoridades sanitarias se encargan de hacernos llegar ese mensaje (tal vez no tan nítido) a través de los medios de comunicación. Pero no es suficiente. Aquí entra en juego mi convencimiento de que cambiar las costumbres del vecino pasa por cambiar las tuyas propias. No es cuestión de prohibir el tabaco o no, es cuestión de adoptar hábitos.

Entonces, si yo, padre de familia, quiero que mi familia adopte hábitos saludables, tengo que empezar por adoptarlos yo como míos. Con el tabaco lo tenía fácil ya que nunca he fumado. Lo difícil en mi caso era el deporte ya que nunca había practicado deporte regularmente desde los tiempos (ya difusos en la memoria) del instituto. Y el caso es que lo había intentado varias veces. Ya sabes: gimnasio, padel, baloncesto con los amigos..

Y ahí es donde me topé con el running: necesitaba una actividad física que se pudiera desarrollar en el horario poco convencional, compatible con las actividad frenética de un padre de familia, sin necesidad de hacer coincidir horarios de amigos y sin necesidad de desplazarme: correr. Sales a la calle, estiras y a correr. Sencillo.

Y el caso es que ha sido todo un descubrimiento esa actividad tan simple y accesible.

Por un lado, me he encontrado sensaciones desconocidas:

  • Correr bajo la lluvia fina. ¡Me encanta! Para mí, antes, el otoño era sinónimo de tristeza: esos días cada vez más cortos, en que nos abandona el calor y aparece la lluvia. Ahora es un motivo de disfrute.

  • Correr sin música. Correr contigo mismo. Dejar fluir los pensamientos. Dejar la mente en blanco mientras te concentras en la respiración y el ritmo de carrera. Vencer día tras día a ese yo que aflora en los primeros kilómetros del entrenamiento y que quiere convencerte de que en tu sillón favorito se está mucho mejor que corriendo.

  • Correr bajo las estrellas. Disfrutar de la noche, del cielo, de la luna, de la ciudad tranquila. ¿Correr de madrugada? ¿Por qué no?

  • La competición. Pero la competición como fiesta. Cientos de personas en el intento de superación. Compitiendo entre iguales y, sobre todo, compitiendo contra uno mismo.

Por otro, el running te permite progresar y medir ese progreso. Correr más kilómetros, correr en menos tiempo. Además la cantidad de diferentes pruebas del calendario te permite plantearte tu propias metas más o menos ambiciosas.

El running: sencillo, práctico y todo un descubrimiento.

Escrito por José Carmona

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